La Sierra de Guadarrama, desbordante belleza

11 - 14/02/10
Fin de semana de los enamorados y volvemos a renovar nuestro amor con la Sierra de Guadarrama. Caminar por el Parque Natural de Peñalara, completamente cubierto de nieve, hasta coronar su cumbre y ver a los amigos de ACaminar, es un estupendo plan.
Aprovechamos las primeras horas del jueves para iniciar la aventura ya que deseamos estar en Cercedilla a la hora de la comida. Atravesando la meseta podemos observar restos de las nevadas caídas durante la semana anterior y que todavía se conservan gracias al intenso frío castellano. Cruzando Madrid por la M-50 como una exhalación y antes de llegar al túnel de Guadarrama nos desviamos al pueblo que da nombre a la sierra, desde aquí y atravesando las típicas dehesas de la sierra madrileña alcanzamos Cercedilla.
La sierra se nos muestra desbordante de belleza con sus blancas cumbres; en lontananza vislumbramos la Bola del Mundo en el Alto de las Guarramillas, parece un gigantesco cono de helado de nata coronado con dos cohetes que apuntan al cielo. El sol brilla tímidamente pero a través de los cristales se percibe el frío que hace afuera; entrando en Cercedilla y cruzando por debajo del puente del tren vemos las estalactitas de hielo que se descuelgan del techo, semejan puñales de 1 metro aguardando el momento de dejarse caer.

En Cercedilla termina el valle de la Fuenfría que esta situado a 1100 m. y rodeado de cumbres de más de 2000 m., ascendemos por el y nos acercamos a la zona de las Dehesas desde donde parte la calzada romana que sube al puerto de la Fuenfría. Aprovechamos para comer en un claro del bosque de pinos silvestres y viendo como caen los copos de nieve. Estamos solos en medio de la naturaleza, sensacional.
En vista de que nuestros amigos llegarán por la tarde, empezamos el día acercándonos a Villalba para hacer unas compras en el Mercadona, como si estuviésemos en casa, y reponer una de las botellas de propano que llevábamos vacías. Debido al frío que hace hay que tener la calefacción encendida todo el día, esta noche hemos estado a -14º, hay que estar prevenidos.

El pueblo de Cercedilla es un típico pueblo de la sierra de Madrid en donde desde principio del s. XX, y a partir del núcleo del pueblo se han ido estableciendo segundas residencias de gentes de la gran ciudad. En verano es lugar muy requerido para librarse de los calores de la capital y en invierno debido a su fácil acceso a Navacerrada y Valdesqui se convierte en “campo base” ideal para la práctica de los deportes de invierno además de estar en un paraje estupendo para la práctica del senderismo y de la BTT. Toda la sierra al alcance la mano.
Mientras la familia disfruta con el pueblo y sus gentes aprovecho para hacer una ruta con la BTT y acercarme al puerto de la Fuenfría, en un principio quería realizar una ruta circular pero una vez alcanzado el puerto vi que estaba tan cubierto de nieve que todos los caminos se habían vuelto intransitables para la BTT, no hay alternativa, tengo que desandar lo realizado. Ahora me lo conozco de memoria.
Las luces del día empiezan a desaparecer y la hora del reencuentro con los amigos se acerca. Poco a poco van acudiendo todos y tras los abrazos y saludos comienzan las risas, que bueno ver a la gente que quieres. Somos 8 ACs perdidas en medio del bosque, ni los lobos se acercan. Falta el noveno, que anda buscando a los perros que se han ido de parranda, que pena no poder disfrutar con su presencia.
Estar fuera de la AC empieza a ser algo descabellado ya que el frío se está volviendo intenso. No podemos estar todos dentro de una AC, que pena, por lo tanto hacemos los planes para el día siguiente: salir temprano para llegar con las primeras luces del día al aparcamiento de Cotos y ascender a la cima de Peñalara.
Son las 07:00 horas y comienza un día intenso. Entramos los caminantes en la AC de los Marmota y nos vamos hacia la montaña. Subiendo a Navacerrada podemos observar como se intensifica el tráfico, si que madrugan estos madrileños para ir a la montaña, cuantos son y que deprisa van. Llegamos al aparcamiento de Cotos y ya esta casi lleno, tenemos suerte y cogemos un sitio que nos permitirá salir fácilmente cuando volvamos.
De nada nos vale, al bajar de la montaña vemos que han aparcado al lado nuestro, fuera de las plazas, y no podemos salir. Nos lo tomamos con calma, dejamos las mochilas, nos tomamos el bocata y la cervecita y valoramos distintas posibilidades. En ello estábamos cuando aparece la Benemérita, se les comenta el caso y nos dicen que ellos no pueden hacer nada ya que estamos dentro de un aparcamiento público que llamemos a la Policía Local. Le preguntamos que entonces podíamos coger entre los ocho el coche y desplazarlo para hacer sitio y nos dicen que eso no lo podrían permitir. Esto no hay quien lo entienda, para unas cosas pueden intervenir y para otras no. Estando en esta disquisición aparece el propietario del vehículo, y tras una charla con la autoridad competente o no, depende del caso, nos deja la vía libre para salir. Ahora a ver como entramos 8 personas en la AC, con la GC delante y diciéndonos que ya podíamos marchar. Haciendo el paripé de despedirnos nos separamos en dos grupos, uno se va andando como si fuesen a coger el coche y otros nos subimos a la AC y recorremos 200 metros para perder a la GC y recuperar a los compañeros.
Descendemos hacia Cercedilla; en nuestros rostros se manifiesta la satisfacción de la intensa mañana pasada en la montaña. Al llegar nos llevamos una grata sorpresa al ver con satisfacción que, el que faltaba, el noveno en discordia, ha encontrado a los perros y una vez puestos a buen recaudo se ha acercado para poder estar juntos el resto del fin de semana.

Mientras nosotros estábamos pateando el resto del grupo ha pasado la mañana disfrutando del bosque, unos andando y acercándose a ver la calzada romana y otros subidos a los pinos y pasando de unos a otros a través de cuerdas, puentes tibetanos y tirolinas. Una mañana completa para todos.

Decidimos cambiar de ubicación y por la tarde nos acercamos a la Pedriza, dentro del Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares, donde lo primero que notamos es la mejoría del tiempo, hace menos frío ya que el valle de La Pedriza es mucho más ancho y las montañas nevadas no están tan encima nuestro. La “Pedri” nunca cansa, siempre apetece estar allí y andar por sus sendas, relajarte con el abundante caudal que lleva el río Manzanares, subirte a sus piedras y paredes o simplemente disfrutar con las vistas.

Parece que no teníamos bastante con la mañana, un grupo de “ansias” empujados por Alfonso decidimos hacernos un Yelmo por la noche. Nos ponemos el calzado de patear, sacamos los frontales y tiramos para arriba. Como cambia la montaña por noche, todas las sendas parecen buenas, menos mal que el guía se sabe el camino a ciegas. Atravesando pequeños regueros de agua congelada llegamos a la fuente de La Teja y desde aquí a la base del Yelmo, impresionante mole pétrea de forma abovedada que domina el pueblo de Manzanares el Real desde la altura y que es visible desde Madrid. En la distancia vemos los millones de puntos luminosos que alumbran la gran ciudad. Innumerables historias, deseos, esperanzas, tragedias, miserias, etc. Que insignificante se ve todo desde la distancia y en la altura.
Tras un cuidadoso descenso, es más difícil bajar que subir, llegamos a las ACs. Reponemos fuerzas con la cena y después de rular un poco de ”casa en casa” comentando las distintas jugadas del día nos vamos retirando a descansar. Ha sido un día sensacional.
Ya es domingo, que pronto pasa el tiempo cuando lo estás disfrutando a tope. El viaje de vuelta es largo, tenemos 600 Km. por delante por lo que no debemos demorarnos demasiado. A mediodía y después de interminables despedidas, nadie quiere marcharse, tomamos el camino de vuelta. A nuestra espalda dejamos un buen grupo de amigos con los que hemos pasado un genial fin de semana y una sierra de Guadarrama desbordante de belleza.
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Comentarios
Que bonito relato! Una buena excursión!!!. Eso si, ocho en una AC???? Ya me diras como os metéis!!! Lo de la benemerita … ya se sabe, están para lo que están! A nosotros una vez que nos paramos … y su única preocupación era que hacían dos de Barcelona con una AC comprada en Alcorcón!
Y todos sentados, casi nada. Es un capuchina marca Laika que tiene distribución francesa, con un salon para 4 (2/2) y un sofa a lo largo del pasillo para otros 2, más copiloto y, por supuesto, el conductor.
achooooooo cuantos tiemposssss, a ver si nos deleitas con una visitica de las tuyas.
Ponte bueno, (bueno, más bueno, que guapo y fuerte ya estás).
He leido tu relato y me ha gustado mucho, nosotro somos 2 Adultos y 2 niños( 4 y 11 años ) y ya me gustaria hacer esas escursines por la montaña que haceis pero creo que somos un poco bagetes para tirar al monte pues lo de madrugar nos mata.
Jesus, todo es cosa de empezar poco a poco, pequeñas salidas a comerse el bocata con los niños en una verde pradera, debajo de los pinos, cerca de un arroyo, encima de una piedra, hay tantos lugares donde disfrutar con el paisaje y familia.



Mañana llamaré a los beneméritos aquellos para contarles vuestra picardía, jajajajajjajajajajaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Interesante mundillo el de las AC’s.
Aunque tardía la crónica no tiene desperdicio. Muy chuli.