Valle de Benasque, Cerler y Ampriu
01 – 07/04/10
Los rigores del invierno van desapareciendo y poco a poco están dando paso a la frescura de la recién estrenada primavera. Aprovechando las últimas nevadas y ya que la temporada de esquí esta a punto de acabar hemos decidido pasar estos días de asueto en Benasque y las estaciones de Cerler y Ampriu para despedirnos del esquí hasta el año que viene.
Cumpliendo la máxima de que “en la variedad está el gusto” abordamos el viaje abandonando momentáneamente la excepcional autovía Mudéjar que atraviesa todo Aragón desde el Sur al Norte y regresamos al antiguo recorrido por la A7. Son: menos kilómetros, más peajes y más carretera nacional pero se hace más ameno el trascurrir del camino a la vera del Ebro. Lérida la atravesamos en un suspiro; son las 22:00 horas del Jueves Santo y no hay un alma en las calles, estarán de penitencia. Entrando y saliendo de los tramos de autovía terminados que, poco a poco, van uniendo Lérida y Huesca, llegamos a Barbastro. La noche se nos ha echando encima y decidimos terminar la jornada en Graus donde descansamos arropados por el suave ronroneo de las aguas del río Eriste.
Tras una noche reparadora el nuevo día aparece soleado. Es hora de incorporamos a la arteria de tráfico que nos trasladará a Benasque. Nos unimos a los vehículos que van subiendo, sus bacas repletas de material de esquí indican claramente el que van buscando y las facciones de sus ocupantes muestran la ilusión de disfrutar de un magnífico día de esquí.
Atravesando el agreste paso del Congosto del Ventanillo nos damos cuenta de la fuerza de la naturaleza al observar como el agua ha ido soslayando la roca y buscando la salida entre gigantescas paredes de piedra. El paisaje se abre al entrar en el hermoso valle pirenaico de Benasque que custodia y guarda con celo la mayoría de glaciares y las más altas cumbres pirenaicas: Aneto, Maladeta y Posets.
Dejamos atrás el hermoso pueblo de Benasque lugar de encuentro de esquiadores y montañeros y ascendemos por la serpenteante carretera hacia la estación de esquí. Cruzando Cerler, el pueblo más alto del pirineo hoscense, continuamos hasta llegar a las pistas de Ampriu, extensión de la estación de esquí de Cerler y lugar de encuentro con nuestros amigos madrileños.
Lo primero que nos sorprende es la cantidad de nieve existente, todas las pistas están abiertas pese a encontrarnos en el inicio del mes de Abril. Lo segundo, la no excesiva cantidad de personas, aunque el aparcamiento está casi lleno no se ve demasiada gente tomando los telesillas. Es hora de equiparse y disfrutar con un estupendo día de nieve.
Después de la jornada de esquí bajamos a Benasque y paseamos por sus hermosas callejuelas en las que se conserva el encanto de un pueblo pirenaico a pesar del impacto del turismo. Hay multitud de gente y las tiendas de equipación de montaña son un continuo entrar y salir de personas. Tomamos buena nota para días posteriores.
El día amanece soleado y nos preparamos para otro estupendo día de esquí. Alfonso y yo decidimos dar un poco de cuartel al esquí y dedicar la mañana a patear montaña arriba. Empezamos a caminar por la nieve virgen y según avanzamos nos vamos hundiendo, cada vez más, en el blanco manto. La nieve primavera es lo que tiene, es excesivamente blanda al no hacer suficiente frío por el día y no helar por la noche. Decidimos dar la vuelta y volver para ponernos las raquetas ya que avanzar requiere un importante esfuerzo. Esto es otra cosa. Ahora sí disfrutaremos con la nieve mientras vamos pisando y sintiendo como se apelmaza debajo de las raquetas permitiéndonos avanzar rápidamente.
Las raquetas nos permiten ir ascendiendo en línea recta mientras vamos adelantando a los del esquí de travesía que lo hacen con su característico zigzag. No conseguimos coronar la cima ya que las nubes amenazan con echarse encima y cubrirlo todo. Una retirada a tiempo es una victoria. Aún así, disfrutamos de la montaña en su estado puro observando como a nuestros pies se va diluyendo en la distancia el valle de Ampriu hasta Cerler y Benasque y, deleitándonos con las vistas de las blancas cimas y con los puntitos negros que bajan por las pistas, nos fijamos especialmente en los que haciendo esquí de travesía han optado por subir a cimas que parecían inexpugnables. Que envidia más sana. En la bajada se echan de menos unos buenos esquís que permitan descender rápidamente pero bueno, aprovechamos para contarnos nuestras aventurillas en estos meses pasados desde la ascensión a Peñalara y para jugar con la nieve practicando la técnica de como parar con el piolet una caída por la pendiente. El que no se divierte es porque no quiere.
Sábado tarde, día de compras, recorremos algunas tiendas de equipación de montaña y al final acabamos en el outlet de Barrabes, buenos artículos a buen precio. Tener tantos productos para montaña en un pueblo tan pequeño llama la atención. Teniendo la estación de esquí tan cercana se espera que la mayoría de las tiendas de deporte estén orientadas al esquí pero no es así, su producto principal es el material de montaña ya que la mayoría de los visitantes son montañeros.
La Semana Santa se acaba para todos aquellos que el Lunes trabajan por lo que el Domingo es día de vuelta a casa de la mayoría de la gente, entre ellos nuestros amigos de los madriles. Las despedidas siempre tienen un punto agridulce que nos hace sentir tristes por la separación pero satisfechos de haber disfrutado con los amigos este par de días. Lo bueno es que ya hemos quedado para la próxima, que será en la playa.
Nosotros continuamos subiendo a esquiar hasta el miércoles y haciendo otra jornada de montañismo con las raquetas. En estos días coincidimos con la última prueba del Campeonato de España de esquí adaptado. Es asombroso ver la fuerza de voluntad que tienen estas personas que aun con sus minusvalías físicas entrenan continuamente para participar en dichas pruebas.
Hemos pasado unos estupendos días en Benasque donde se ha disfrutado con los amigos y la montaña.
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Comentarios
Cuando he conocído parte de esta zona solo quedában algunos neveros visibles.Última decena de junio. Visitamos cuanto nuestra edad y condiciones físicas nos permitieron. El Hospital,Ampriu, telesilla, Benasque…Tanto nos ha gustado todo que hemos pensado volver cuanto antes para disfrutar de lo que hemmos dejado. Nos impresionó el silencio de las noches de Cerler.
No tengo la facilidad de descripción de quien ha redactado el artículo, a quien felicito. Lo ha descrito que parece que se está viendo.
Julian, hay tanto para ver en el valle de Benasque que estamos obligados a repetir nuestras visitas en numerosas ocasiones.
Descubri las pistas en primavera y puedo decirte que cuando muera….quiero que me incineren y me tiren por alli…es un sueño pues aun soy joven………. es lo mas bonito que he visto jamas jamas jamas…los prados llenos de un verdor y miles de florecillas silvestres…me conmovio..la PAZZZZ ese cielo que se toca con las manosssss es indiscriptible de verdad…
un saludo




Las fotos no pueden ser más sugerentes, máxime si se miran desde Ceutí, tierra de calizas y de infiérnicossss…. Esa nieve refresca la vista.
Nunca es tarde si letra es buena…